Me gusta pasear por las ciudades y ver esos viejos árboles, de grandes copas y toscos y rugosos troncos con sus nudos retorcidos. Que son como la historia de las ciudades que los vieron crecer y a las que han visto morir y nacer mil veces, a veces por las guerras, otras por el fuego o el agua y muchas más por la avaricia de los hombres.
Incluso me gusta tocarlos y abrazarlos, sobre todo en otoño, cuando parecen que mueren rodeados de sus hojas y su color es tan triste como el de los sucios edificios que les rodean.
Pero sobre todo me gusta ver como levantan las aceras que intentan convertirse en la prisión de algo incontenible, que no entiende de normas urbanísticas, ni de la cuadriculada y embaldosada mente que habita en nuestra cabeza. Son como colosos que no se resignan a ser encarcelados en sus pequeñas parcelas de tierra y a tener como únicos visitantes y amigo a los perros.
jueves, 8 de noviembre de 2007
lunes, 3 de septiembre de 2007
viajar en tren en la vida
A veces la vida es como cuando viajas en metro o tren y ves parada en el andén de una estación a alguna persona que te gusta. Pero para cuando el tren se detiene y sales del vagón esa persona ya no está allí, y nunca volverá a estar. Te hubiera gustado saltar en ese momento fuera y besarla, y llorar y reír con ella, pero ya es imposible. Y te tienes que conformar para siempre con las mismas caras que viajan todos los días a la misma hora en el mismo vagón de tú vida...Pero a veces tienes suerte con tus compañeros de viaje.
jueves, 30 de agosto de 2007
el tiempo
Algunas veces el tiempo nos pone tristes, unas nubes grises y negras como un borrador de carboncillo mojado, una tormenta que aplaza citas, la nieve sucia de las calles tras ser atropellada repetidamente, quizás unas hojas que arremolina el viento, o una fuente helada que parece estancada en el tiempo. Pero sólo es necesario un rayo de sol cruzando el cristal de mi ventana para hacerme sonreir cada mañana.
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